El borrego cimarrón regresa a las montañas del norte
El borrego cimarrón es uno de los grandes mamíferos de las montañas áridas de México. Vive en sierras escarpadas, cañones y laderas rocosas donde encuentra alimento, agua y rutas para escapar de sus depredadores. Históricamente ocupó buena parte de las zonas montañosas del norte del país, desde las penínsulas de Baja California hasta Sonora, Chihuahua, Coahuila y Nuevo León.
Durante los siglos XIX y XX sus poblaciones disminuyeron drásticamente. La cacería, la transformación y fragmentación del hábitat y, particularmente, las enfermedades transmitidas por el ganado doméstico contribuyeron a su desaparición de buena parte de su distribución histórica. Para la década de 1970 había sido extirpado de Chihuahua y Coahuila, entre otros sitios.
Su recuperación es una historia de décadas. En ella, poblaciones que permanecieron en algunas regiones se convirtieron en fuente de animales para recuperar otras, mientras investigadores, gobiernos, comunidades, propietarios de predios, organizaciones civiles y universidades estudiaban dónde y cómo volver a establecer al borrego.
El borrego cimarrón necesita grandes extensiones de terreno montañoso con alimento, agua y sitios rocosos que le permitan detectar y escapar de los depredadores. La transformación de estos ambientes, la presencia de ganado doméstico —particularmente borregos y cabras— y las enfermedades asociadas a éste, además de la cacería, redujeron sus poblaciones y aislaron unas de otras.
Varias enfermedades provenientes del ganado doméstico pueden afectar al borrego cimarrón, entre ellas la neumonía infecciosa, diversas virosis respiratorias, la sarna sorótica o escabiosis, la lengua azul, la enfermedad epizoótica hemorrágica y el ectima contagioso. La separación entre ganado doméstico y poblaciones silvestres es por ello un elemento importante para reducir riesgos sanitarios.
En Coahuila, investigaciones históricas identificaron registros del borrego en al menos 14 sistemas montañosos. La subespecie de cimarrón gris probablemente fue extirpada del estado hacia 1970.
La recuperación comenzó por conservar y fortalecer las poblaciones que todavía existían y, posteriormente, trasladar animales hacia lugares donde la especie había desaparecido pero donde todavía existía hábitat adecuado.
1972 — Sonora–Nuevo México. Cinco hembras de borrego cimarrón fueron capturadas en Loma Prieta, Sonora, y trasladadas a Red Rock, Nuevo México. El traslado formó parte de un programa del New Mexico Department of Game and Fish para establecer una población reproductiva que pudiera contribuir a la recuperación del borrego cimarrón en ese estado. Esta experiencia antecedió a la introducción de Isla Tiburón.
1975 — Isla Tiburón, Sonora. Veinte borregos —16 hembras y cuatro machos— fueron capturados cerca de Punta Chueca, en las montañas del continente frente a la isla, y trasladados a Isla Tiburón. El objetivo era establecer una población reproductiva en condiciones aisladas que posteriormente pudiera proporcionar animales para programas de recuperación. De los 20 animales trasladados, 16 sobrevivieron y dejaron descendencia. La población creció hasta varios cientos de animales y la isla se convirtió en una fuente para recuperar poblaciones continentales.
1995–1996 — Isla El Carmen, Baja California Sur. Se introdujeron 26 borregos procedentes de la Sierra El Mechudo: 10 hembras y dos machos en 1995, y 12 hembras y dos machos en 1996. El objetivo era establecer una población reproductiva que posteriormente permitiera repoblar las montañas continentales.
2000 — Chihuahua. Después de varias décadas de ausencia, el borrego cimarrón volvió al estado. El primer grupo, de cuatro animales —un macho y tres hembras—, fue trasladado desde Sonora al rancho La Guarida, en Coyame. Posteriormente se realizaron nuevos traslados.
2000–2004 — Coahuila. CEMEX, Unidos para la Conservación y otros colaboradores pusieron en marcha un programa para recuperar al borrego cimarrón en la Sierra Maderas del Carmen. Se estableció un área de manejo en Pilares y se trasladaron borregos procedentes de Sonora. En 2004, 32 animales fueron trasladados a la Sierra del Carmen para iniciar el regreso de la especie a la vida silvestre después de más de medio siglo de ausencia.
2005–2007 — Baja California Sur. Borregos nacidos en Isla El Carmen comenzaron a regresar a las montañas continentales de la Sierra El Mechudo. En tres liberaciones se trasladaron 65 animales: 10 en 2005, 30 en 2006 y 25 en 2007.
2009–2014 — Maderas del Carmen, Coahuila. Continuaron las translocaciones para reforzar la población silvestre. Algunos animales fueron equipados con radiocollares para estudiar sus movimientos, uso del hábitat y supervivencia después de su liberación.
2015 — Sonora. La Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales liberó 35 borregos en la Sierra Libre, municipio de Guaymas, como parte de programas de conservación y repoblación de la especie.
Una de las claves de esta historia fue establecer poblaciones reproductivas capaces de proporcionar animales para otros proyectos de reintroducción.
El antecedente fue Red Rock, Nuevo México. En 1972, cinco hembras procedentes de Sonora fueron trasladadas a Estados Unidos para iniciar una población reproductiva. La experiencia mostró que una población mexicana podía ser utilizada como fuente para recuperar al borrego cimarrón en otra región.
Tres años después, la estrategia se aplicó en México. En 1975, 20 borregos fueron trasladados desde las montañas sonorenses cercanas a Punta Chueca hacia Isla Tiburón. La isla ofrecía hábitat adecuado y, sobre todo, ausencia de ganado doméstico y de los principales depredadores terrestres, particularmente el puma. Estas condiciones favorecieron el rápido crecimiento de la población.
En menos de dos décadas, la población de Isla Tiburón pasó de los 16 animales fundadores que sobrevivieron a varios cientos. Los censos aéreos realizados desde 1984 documentaron su crecimiento; en 1993 se contabilizaron 293 animales durante un vuelo y, considerando la proporción de animales que normalmente se observan desde el aire, se estimó una población de varios cientos.
A partir de finales de la década de 1990, animales de Isla Tiburón comenzaron a utilizarse para establecer o reforzar poblaciones en diferentes regiones del continente. La isla se convirtió así en una población fuente para la restauración.
El éxito de las poblaciones recuperadas abrió una posibilidad inesperada: convertir el enorme valor que tiene el borrego cimarrón como trofeo de caza en una fuente de recursos para conservarlo.
En México, la cacería deportiva del borrego cimarrón está regulada mediante Unidades de Manejo para la Conservación de la Vida Silvestre (UMA). Cuando una población alcanza las condiciones necesarias, las autoridades pueden autorizar un número limitado de aprovechamientos, con base en los monitoreos poblacionales y los planes de manejo.
El valor de un permiso para cazar un macho de gran cornamenta es extraordinariamente alto. Un estudio realizado en Sonora registró, para 2014, precios de alrededor de 30,000 a 35,000 dólares para animales de trofeo bajo manejo intensivo, de 45,000 a 50,000 dólares bajo manejo extensivo y de 60,000 a 80,000 dólares en Isla Tiburón. Entre 2008 y 2011, las cacerías autorizadas de trofeos de las categorías estudiadas generaron una derrama económica promedio de aproximadamente 8 millones de dólares al año (Huerta-García et al., 2015).
El valor puede llegar todavía más lejos. Para la temporada 2018–2019, una subasta legal de un permiso de borrego cimarrón alcanzó 115,000 dólares, de acuerdo con una revisión sobre el manejo de fauna silvestre en México (González-Marín et al., 2018).
Estos ingresos pueden financiar una parte importante del trabajo que hace posible conservar al borrego: vigilancia, monitoreo de las poblaciones, manejo del hábitat, infraestructura, personal técnico y actividades de investigación. En algunos proyectos, además, generan ingresos para los propietarios de los terrenos y las comunidades que participan en el manejo.
El modelo no significa que cualquier población pueda ser cazada. La autorización depende de la situación de cada población, de los monitoreos y de los planes de manejo establecidos por las autoridades. De hecho, la cacería del borrego cimarrón no está autorizada actualmente en todos los estados donde existe la especie; por ejemplo, PROFEPA señaló que en Baja California no existían tasas de aprovechamiento cinegético autorizadas (PROFEPA, 2018).
La historia del borrego cimarrón muestra así una transformación interesante: un animal que alguna vez fue perseguido por la cacería deportiva terminó convirtiéndose, bajo esquemas regulados de manejo, en una fuente potencial de recursos para conservar poblaciones, hábitats y comunidades que participan en su protección.
En Coahuila no bastaba con trasladar animales. Antes fue necesario identificar las montañas que históricamente habían ocupado, evaluar su hábitat y establecer sitios donde pudieran sobrevivir y reproducirse.
Los estudios realizados por investigadores de CEMEX, la Universidad Autónoma de Nuevo León y otras instituciones documentaron la distribución histórica del borrego y evaluaron las condiciones de diferentes sierras. En la Sierra Maderas del Carmen, el programa comenzó con la protección de una extensa superficie y el establecimiento de un área de manejo para producir animales destinados posteriormente a la vida silvestre.
La experiencia mostró que una reintroducción requiere evaluar la disponibilidad de alimento y agua, la calidad del hábitat, las amenazas existentes y la capacidad del sitio para mantener una población viable.
Una liberación no significa que el proyecto haya terminado. Los animales deben ser monitoreados para conocer dónde se establecen, cuánto sobreviven, si se reproducen y cuáles son las causas de mortalidad.
En Maderas del Carmen, algunos borregos fueron equipados con radiocollares para estudiar sus movimientos, uso del hábitat y supervivencia. Los investigadores también estudiaron la relación entre los borregos reintroducidos, los venados bura y los pumas, ya que la depredación puede afectar de manera importante a una población recién establecida.
La experiencia ha mostrado que reintroducir una especie requiere mucho más que transportar animales: es necesario contar con hábitat adecuado, reducir amenazas, seleccionar cuidadosamente a los animales y mantener un seguimiento durante años.
El regreso del borrego cimarrón ha sido posible gracias al trabajo de muchas personas y organizaciones durante varias décadas.
Los primeros trabajos de translocación estuvieron vinculados con especialistas como George W. Gates y William O. Montoya, quienes documentaron la introducción de 1975 en Isla Tiburón. El New Mexico Department of Game and Fish también tuvo un papel importante desde la experiencia de Red Rock iniciada en 1972.
En la recuperación del borrego cimarrón en México participaron investigadores, organizaciones de conservación y autoridades ambientales. Entre ellos destacan Rodrigo Medellín, Carlos Manterola, Manuel Valdez, David Hewitt, Diana Doan-Crider y Timothy Fulbright, autores de una revisión sobre la historia, ecología y conservación del borrego cimarrón en México.
En Baja California Sur, Sergio David Jiménez y María Cecilia Hernández desarrollaron el Programa de Conservación del Borrego Cimarrón de OVIS, que utilizó Isla El Carmen como población reproductiva para apoyar posteriormente la recuperación de las poblaciones continentales.
En Coahuila, el programa de Maderas del Carmen fue impulsado por CEMEX y Unidos para la Conservación, con la participación de especialistas en manejo de fauna silvestre e investigadores de la Universidad Autónoma de Nuevo León, entre ellos Fernando González-Saldívar, César Cantú-Ayala, Jorge Kawas-Garza, José Uvalle-Sauceda, José Marmolejo-Moncivais y Eduardo Estrada-Castillón.
También han sido fundamentales las autoridades ambientales, los propietarios de predios, las comunidades y las Unidades de Manejo para la Conservación de la Vida Silvestre que han participado en los programas de recuperación.
El resultado más visible es que el borrego cimarrón volvió a ocupar lugares donde había desaparecido.
En Chihuahua, una especie ausente durante décadas volvió a establecerse a partir de animales procedentes de Sonora. En Coahuila, las translocaciones permitieron restablecer poblaciones en la Sierra Maderas del Carmen. En Baja California Sur, los animales nacidos en Isla El Carmen comenzaron a regresar a las montañas continentales de donde procedían sus antepasados.
Pero la historia de Isla Tiburón guarda una sorpresa. Durante décadas se pensó que el borrego cimarrón no había vivido originalmente en la isla. En 2014, investigadores encontraron en Mojet Cave restos de excremento de aproximadamente 1,500 años de antigüedad. El análisis de radiocarbono los fechó entre 1,476 y 1,632 años antes del presente y el análisis de ADN antiguo confirmó que pertenecían al borrego cimarrón.
El descubrimiento demostró que los borregos habían vivido en Isla Tiburón mucho antes de la introducción de 1975 y que posteriormente se habían extinguido localmente. Los investigadores describieron el caso como un ejemplo de “rewilding” no intencional: los conservacionistas creían estar introduciendo una especie en un sitio donde no había vivido, cuando en realidad estaban devolviendo al paisaje a un animal que había formado parte de él siglos antes.
La historia tampoco está terminada. Algunas poblaciones siguen siendo pequeñas o aisladas y persisten amenazas como la fragmentación del hábitat, las enfermedades transmitidas por ganado doméstico, la competencia con especies introducidas y la depredación.
El regreso del borrego cimarrón muestra que la restauración es un proceso: primero hay que conservar a quienes permanecieron, después recuperar poblaciones fuente, restaurar el hábitat, trasladar animales y acompañarlos durante años hasta que puedan volver a formar parte del paisaje.
Colchero, F., et al. (2009). Predicting population survival under future climate change: density dependence, drought and extraction in an insular bighorn sheep population. Journal of Animal Ecology, 78: 666–673. Consultar artículo.
Medellín, R. A., Manterola, C., Valdez, M., Hewitt, D. G., Doan-Crider, D. y Fulbright, T. E. (2005). “History, Ecology, and Conservation of the Pronghorn Antelope, Bighorn Sheep, and Black Bear in Mexico”. En J.-L. E. Cartron, G. Ceballos y R. S. Felger (eds.), Biodiversity, Ecosystems, and Conservation in Northern Mexico, Oxford University Press, pp. 387–404. Consultar referencia.
Montoya, W. O. y Gates, G. W. (1975). “Bighorn capture and transplant in Mexico”. Desert Bighorn Council Transactions, 19: 28–32.
Wilder, B. T., Betancourt, J. L., Epps, C. W., Crowhurst, R. S., Mead, J. I. y Ezcurra, E. (2014). “Local extinction and unintentional rewilding of bighorn sheep (Ovis canadensis) on a desert island”. PLoS ONE, 9(3): e91358. Consultar artículo.
SEMARNAT. Información sobre programas de conservación, manejo y liberación del borrego cimarrón en México.
Jiménez, S. D. y Hernández, M. C. Programa de Conservación del Borrego Cimarrón, OVIS.
Espinosa-T., A., Sandoval, A. V. y Contreras-B., A. J. Estudios sobre la distribución histórica y el hábitat del borrego cimarrón (Ovis canadensis mexicana) en Coahuila.
González-Saldívar, F., Cantú-Ayala, C., Kawas-Garza, J., Uvalle-Sauceda, J., Marmolejo-Moncivais, J. y Estrada-Castillón, E. Estudios sobre población y estructura del borrego cimarrón en Isla El Carmen, Baja California Sur.