El día que conocí a un coyote

Hay días en el campo que empiezan como cualquier otro… y terminan convirtiéndose en historias que te acompañan toda la vida. Este es el recuerdo de una de mis aventuras favoritas, una que viví en los bosques mágicos de Michoacán, dentro de la Reserva de la Mariposa Monarca.

Aquella mañana caminaba por un sendero rodeado de pinos altísimos. El aire olía a tierra húmeda y, a lo lejos, se escuchaba el suave aleteo de miles de mariposas. Yo estaba buscando animales para fotografiar, así que avanzaba despacio, observando cada sombra y cada movimiento entre los árboles.

De repente, escuché un ruido extraño: crack… crack…, como si algo pisara las ramas secas. Me detuve. Miré alrededor, pero no vi nada. Decidí ponerme mi chamarra camuflajeada, esa que me ayuda a confundirme con el bosque, y me senté al pie de un árbol. Sabía que la mejor forma de descubrir qué había ahí era esperar en silencio.

Pasaron unos minutos que se sintieron eternos. Mi corazón latía fuerte, no de miedo, sino de emoción. Entonces, entre los troncos, apareció una figura que jamás había visto tan de cerca: un coyote.

Su pelaje era dorado y gris, y se movía con una elegancia que me dejó sin palabras. Estaba tan sorprendido que por un instante no pude mover ni un solo músculo. Sentí como si el tiempo se detuviera y el bosque entero guardara silencio para dejarlo pasar.

Finalmente, reuní el valor para levantar mi cámara. La apunté con mucho cuidado, tratando de no hacer ruido. Pero basta un pequeño clic para que un coyote lo note. Apenas presioné el botón, el animal levantó la cabeza y me miró directamente.

Nunca olvidaré esos ojos: curiosos, atentos, brillantes. Nos quedamos inmóviles, observándonos, como si los dos intentáramos adivinar qué hacía el otro ahí. Yo sabía que solo tenía un segundo antes de que corriera, así que tomé la fotografía.

Y así como apareció, desapareció entre los árboles. Ni siquiera escuché sus pasos; era como si el bosque lo hubiera absorbido.

Esa imagen se convirtió en una de mis fotos más especiales. Pero más que una fotografía, me quedé con la emoción de haber compartido un instante con uno de los animales más increíbles de nuestros bosques.

Porque ser naturalista es eso: aprender a esperar, observar con paciencia y dejar que la naturaleza te regale momentos que jamás olvidarás.

Zabdiel Peralta


El avance del coyote

Los coyotes viven en muchos lugares de México, de hecho se han registrado en todos los estados del país, desde los desiertos de las Bajas Californias hasta la zona rural de la Ciudad de México. Hay naturalistas que han dedicado mucho tiempo a observarlos, como Enrique Pérez Carrillo (@enriquepecar), quien es el naturalista que más coyotes ha observado (194). También Marcelo Aranda ha sido muy importante en la identificación de las observaciones de esta especie a través de fotografías de sus huellas, excretas y otros rastros que dejan en el camino. El estado donde más observaciones se han registrado es Coahuila con 1,326 registros. 

El coyote ha tenido un lugar especial en la mitología de las culturas antiguas de Norte América.  A menudo se representa como un espíritu embaucador, timador o tramposo, entre los pueblos del centro y suroeste de Estados Unidos y noroeste de México como los tohono o´odham (pápago), cucapá, yoemem (yaquis) y yoreme (mayos). Ha estado presente en la cosmovisión antigua de teotihuacanos, otomíes y mexicas. 

El coyote es una de las especies del Orden Carnívoros más adaptables en el continente. De la familia Canidae viven cuatro especies en México: lobo mexicano en recuperación en Chihuahua y Durango, zorrita del desierto en el desierto de Chihuahua y Sonora, y la zorra gris y el coyote en toda la república. 

Durante los últimos 75 años su distribución ha aumentado un 40%. La transformación de los hábitats, la eliminación de depredadores como el lobo y el puma ha facilitado esta expansión. La dieta de los coyotes es muy diversa, al igual que su organización social y se ha adaptado a distintas situaciones. 

A través de distintos documentos podemos registrar su avance hacia el sur y sureste. En la clásica obra “Fauna silvestre de México”, de Starkr Leopold, publicada en 1959 y que fue la biblia de los biólogos por décadas, el coyote está ausente en cuatro estados: Tabasco, Campeche, Yucatán y Quintana Roo y por Chiapas apenas llega a la frontera con Guatemala. En el nuevo testamento de Raymond Hall, “Los mamíferos de Norteamérica” de 1981, el mapa del coyote se extiende hasta Costa Rica, pero sigue ausente de los cuatro estados mexicanos. En los registros científicos de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO), en Enciclovida, ya se registran coyotes en Tabasco (6) y Campeche (4), Yucatán (1) para las primeras dos décadas del siglo XXI. 

Actualmente, el mapa de observaciones (5,800) del coyote realizadas por 1,770 observadores en iNaturalistMX abarca todos los estados de la república  y se extiende hasta Panamá. Ha colonizado la península de Yucatán: Campeche (11), Yucatán (30) y Quintana Roo (10) y ha sido observado por 37 naturalistas. 

¿Cuáles son las implicaciones de la expansión del coyote?

Como mencionamos anteriormente el coyote es una especie flexible tanto en su dieta como en su organización social, puede ser solitario o vivir y cazar en grupo. El coyote se alimenta principalmente de roedores, conejos y liebres. Puede atacar aves de corral, y ganado pequeño como borregos y rara vez becerros. Por otra parte, el coyote incluye frutos en su dieta, por lo que podría ser un importante dispersor de semillas; tal vez mejor que la zorra gris, porque come más diversidad de frutos y se mueve mayores distancias.

Habita principalmente zonas abiertas como praderas.  De hecho en inglés se conocía como “lobo de las praderas” (prairie wolf). Debido a su adaptabilidad, actualmente utiliza todo tipo de ecosistemas incluyendo los urbanos. Su nombre náhuatl coyotl, también se ha expandido junto con él y así se conoce actualmente en Canadá y Estados Unidos. 

Aunque su aumento en la distribución seguramente tiene que ver con la transformación de hábitats y los corredores abiertos como carreteras y caminos rurales, seguramente interacciona con otros depredadores tropicales como el jaguar, puma, ocelote, tigrillo, jaguarundi, zorra gris y por supuesto, los seres humanos.  Así que más fotógrafos y naturalistas tendrán la oportunidad de cruzar su mirada con la de un coyote. Respetemos a este sobreviviente que a pesar del deterioro de los ecosistemas, no solo continúa siendo parte importante de las redes tróficas, sino que avanza tenazmente hacia el sur.

Carlos Galindo Leal y Marcelo Aranda Sánchez

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