El flamenco americano: una recuperación pintada de rosa

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A mediados del siglo XX, en la costa de Yucatán quedaban apenas unos 6,000 flamencos. La cacería, el saqueo de nidos y la transformación de los humedales amenazaban a una de las aves más emblemáticas de México. Décadas de protección de sus sitios de alimentación y reproducción han cambiado la historia.

El flamenco rosado o flamenco americano vive en lagunas costeras, esteros y humedales salobres del Caribe. En México, su principal población se encuentra en la Península de Yucatán, donde se desplaza a lo largo de cientos de kilómetros de costa entre sus áreas de alimentación, descanso y reproducción. Ría Lagartos constituye su principal zona de anidación, mientras que Ría Celestún, Los Petenes y otros humedales de la península son fundamentales para su alimentación y concentración estacional.

¿Qué le pasó?

Durante buena parte del siglo XX, los flamencos fueron afectados por la cacería, el saqueo de huevos y la alteración de los humedales costeros. El crecimiento de poblaciones humanas, la transformación de los ecosistemas y otras modificaciones de la costa redujeron o alteraron algunos de sus sitios de alimentación y reproducción. Actualmente también enfrentan contaminación, perturbación humana, aeronaves a baja altura, perros ferales y cambios en los niveles del agua.

Los flamencos son especialmente sensibles durante la reproducción. Miles de parejas se concentran en colonias y construyen sus nidos de barro en terrenos apenas elevados sobre aguas someras. Cambios en el nivel del agua, tormentas o perturbaciones pueden ocasionar el abandono de una colonia o la pérdida de nidos.

En 1954 se contabilizaron solamente 6,057 flamencos en Yucatán. Para 1971 se registraron 12,110; en 1984 alrededor de 26,000 y para 2005 la población se estimaba en aproximadamente 43,000 individuos.

Fechas clave

1954 — Poco más de 6,000 flamencos. En 1954, Robert Porter Allen reportó una estimación de 6,057 flamencos para Yucatán. Este registro se utiliza habitualmente como punto de referencia histórico de la población; sin embargo, antes de compararlo directamente con los censos modernos es necesario considerar las diferencias en cobertura y metodología (Allen 1956).

Década de 1970 — Comienza el monitoreo. México inicia esfuerzos sistemáticos para conocer y proteger a la población de flamencos de Yucatán.

1979 — Se protege su hábitat. Ría Lagartos y Ría Celestún son declaradas zonas de refugio faunístico. La protección de estos humedales representa un cambio fundamental para la conservación del flamenco.

1999 — Ría Lagartos se convierte en Reserva de la Biosfera. La nueva área protegida comprende más de 60,000 hectáreas y reconoce explícitamente la importancia de sus humedales para el flamenco y numerosas especies de aves acuáticas.

Finales de la década de 1990 — Comienza el anillamiento sistemático. El marcaje individual de polluelos permite seguir sus movimientos, supervivencia y uso de los humedales de la Península y del Caribe. Entre 1999 y 2024 se registró el nacimiento de 154,446 polluelos, de los cuales 7,142 fueron anillados.

2014 — La población supera los 50,000 individuos. Los censos aéreos registran alrededor de 50,000 flamencos, más del doble de los contabilizados 17 años antes.

2025 — Más de 14,000 nidos. En Ría Lagartos se contabilizan 14,757 nidos en la zona de Angostura, confirmando la extraordinaria importancia del sitio para la reproducción de la especie.

2026 — Continúa el seguimiento. En agosto se anillaron otros 425 flamencos jóvenes en Ría Lagartos con la participación de 142 personas, entre especialistas, autoridades, organizaciones civiles y habitantes de las comunidades de San Felipe, Río Lagartos, Las Coloradas y El Cuyo.

¿Qué se hizo?

La recuperación del flamenco no fue resultado de una sola acción. Durante décadas se fue construyendo una estrategia que combinó protección del hábitat, investigación, restauración, vigilancia, educación ambiental y participación social.

Uno de los pasos fundamentales fue proteger los grandes humedales costeros utilizados por los flamencos. Ría Lagartos y Ría Celestún fueron protegidas inicialmente en 1979 y posteriormente adquirieron la categoría de Reservas de la Biosfera. Ría Lagartos es además un humedal de importancia internacional y constituye el principal sitio reproductivo de la especie en México. También se restauraron áreas de anidación y se desazolvaron manantiales y ojos de agua para mantener las condiciones de los humedales.

El anillamiento se convirtió en una herramienta fundamental. Cada joven recibe un anillo con un código que permite reconocerlo posteriormente sin necesidad de capturarlo. Así se ha descubierto que algunos flamencos nacidos en México recorren grandes distancias y llegan hasta Cuba, Florida y Texas. Más recientemente se han utilizado drones, censos aéreos y transmisores satelitales para estudiar los movimientos de las aves y localizar sus principales sitios de alimentación y reproducción.

Los protagonistas

La recuperación del flamenco es también una historia de colaboración. Durante décadas han participado guardaparques y personal de las áreas naturales protegidas, investigadores, organizaciones de la sociedad civil, empresas, voluntarios y habitantes de las comunidades costeras. La Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas ha coordinado buena parte del monitoreo y manejo de la especie. Entre sus colaboradores se encuentran la Fundación Pedro y Elena Hernández, instituciones académicas y organizaciones civiles, así como empresas y habitantes de las comunidades vecinas.

La participación de las comunidades de Río Lagartos, San Felipe, Las Coloradas, El Cuyo y Celestún ha sido especialmente importante. La conservación del flamenco está hoy estrechamente relacionada con actividades económicas locales, particularmente el turismo de naturaleza. En Celestún, por ejemplo, un estudio encontró que cerca del 80 % de los visitantes entrevistados señaló a los flamencos como la principal razón de su visita. La especie se ha convertido así no sólo en un símbolo de conservación, sino también en un recurso económico asociado con la permanencia de los humedales.

¿Qué cambió?

Los resultados son notables. De los 6,057 flamencos registrados en 1954, la población pasó a decenas de miles durante las décadas siguientes. En 2005 se estimaron aproximadamente 43,000 individuos y en 2014 los censos aéreos registraron alrededor de 50,000.

Pero quizá el cambio más importante no pueda expresarse solamente contando flamencos. La protección de esta especie ayudó a conservar decenas de miles de hectáreas de lagunas costeras, manglares, salinas, petenes, dunas y otros humedales de los que dependen peces, crustáceos, cocodrilos, tortugas marinas y cientos de especies de aves.

El flamenco se convirtió así en una verdadera especie bandera: al proteger sus grandes colonias y los lugares que necesita para alimentarse y reproducirse, se protege al mismo tiempo una parte importante de los humedales costeros de la Península de Yucatán.

¿Qué cambió en el ecosistema?

La recuperación del flamenco no significa solamente que ahora haya más aves. Los flamencos son grandes consumidores de organismos acuáticos y, al alimentarse, remueven los sedimentos, movilizan nutrientes y modifican físicamente los humedales. Por ello, la recuperación de una población de miles de individuos también puede significar la recuperación de procesos ecológicos que habían disminuido junto con ellos.

Miles de grandes filtradores

Los flamencos se alimentan filtrando agua y removiendo el fondo con el pico y las patas. En México consumen crustáceos, moluscos, gusanos, algas y otros pequeños organismos acuáticos. Su alimentación es mucho más diversa de lo que sugiere la conocida asociación entre flamencos y Artemia: cuatro grupos de invertebrados —poliquetos, moluscos, larvas de quironómidos y crustáceos— y dos recursos vegetales —semillas de ocoshal de agua y tubérculos de algas careles — representaron el 99 % del alimento potencial disponible. Los flamencos incluso modificaron su forma de alimentarse dependiendo de qué recurso predominaba en cada sitio.

Esto coloca al flamenco en diferentes niveles de la red trófica: consume directamente productores primarios y material vegetal, pero también numerosos invertebrados que, a su vez, se alimentan de microorganismos, detritos y productores primarios.

Ingenieros del ecosistema

Pero los flamencos no solamente extraen alimento del humedal. Al caminar y mover las patas mientras se alimentan remueven continuamente el sedimento del fondo, resuspendiendo partículas, materia orgánica y nutrientes. Al mismo tiempo, sus excretas incorporan nitrógeno, fósforo y otros nutrientes al sistema.

Estudios recientes consideran por ello a los flamencos verdaderos ingenieros del ecosistema. En el flamenco chileno, por ejemplo, se encontraron diferencias significativas en nitrógeno, fósforo, oxígeno disuelto y turbidez entre sitios con y sin flamencos. El efecto aumentó con el tamaño de las parvadas y con el tiempo que las aves dedicaban a alimentarse. Los investigadores identificaron dos mecanismos principales: la bioturbación del sedimento durante la alimentación y la incorporación de nutrientes mediante el guano.

Estos resultados corresponden a otra especie y otro humedal, por lo que todavía no podemos afirmar que el mismo efecto haya sido demostrado en Yucatán. Sin embargo, proporcionan una hipótesis ecológica importante: al recuperarse una población de decenas de miles de flamencos, también aumenta considerablemente su capacidad para modificar el ciclo de nutrientes y la dinámica de los sedimentos.

Los flamencos, además, se desplazan entre distintos humedales. En Yucatán utilizan Ría Lagartos como principal zona reproductiva y durante la temporada no reproductiva muchos se desplazan aproximadamente 280 km hasta Celestún. Estos movimientos plantean otra posibilidad: que los flamencos contribuyan al transporte de nutrientes entre diferentes partes del sistema de humedales costeros.

Por eso, recuperar al flamenco puede significar algo más profundo que recuperar una población: puede significar restablecer un proceso ecológico.

¿Y quién se come a los flamencos?

Los flamencos adultos tienen relativamente pocos depredadores naturales. Su gran tamaño, comportamiento gregario y preferencia por lagunas someras, salinas y sitios de anidación aislados reducen considerablemente el acceso de muchos depredadores. La etapa más vulnerable ocurre durante la reproducción, especialmente para huevos y polluelos.

En distintas poblaciones de flamencos se ha documentado la depredación de huevos y jóvenes por mamíferos y aves oportunistas. Sin embargo, no todas esas especies están documentadas como depredadores importantes del flamenco en Yucatán. En la Península de Yucatán existe actualmente un depredador particularmente preocupante: el perro feral.

Durante la temporada reproductiva de 2023 se encontraron huellas de perros en todos los sitios muestreados alrededor de una colonia reproductiva de Ría Celestún. En la Laguna Cocodrilo, cerca de Sisal, se observó además que perros ferales habían desarrollado estrategias para perseguir y capturar principalmente flamencos jóvenes.

La depredación es sólo una parte de la mortalidad de huevos y polluelos. Los registros históricos de las colonias de Yucatán muestran que inundaciones, perturbaciones de las colonias, incendios y otros eventos ambientales pueden causar pérdidas reproductivas enormes. Entre 1975 y 2001 se registraron años en los que prácticamente todos los huevos de algunas colonias se perdieron; en 1982, por ejemplo, se registraron 5,500 huevos y ningún polluelo, atribuyéndose la pérdida a inundación.

Recuperar relaciones, no solamente especies

La recuperación del flamenco permite mirar la conservación desde otra perspectiva. Una especie no existe de manera aislada: forma parte de una red de relaciones ecológicas: plantas, algas y detritos → invertebrados → flamencos → depredadores

Pero la relación no termina ahí. Los propios flamencos modifican el ambiente: flamencos → remoción del sedimento + excretas → nutrientes disponibles → microorganismos y productores primarios → invertebrados → flamencos.

Por ello, pasar de unos pocos miles de flamencos a decenas de miles potencialmente representa un cambio ecológico considerable. Aumentan simultáneamente el consumo de organismos bentónicos, la remoción de sedimentos, la deposición de nutrientes y posiblemente el transporte de éstos entre humedales.

Todavía falta medir directamente cuánto ha cambiado la red trófica de los humedales de Yucatán como consecuencia de la recuperación del flamenco. Esa es una pregunta científica abierta. Pero la evidencia disponible muestra que conservar una especie abundante y gregaria como el flamenco significa mucho más que aumentar su número: significa recuperar las interacciones y procesos ecológicos de los que forma parte.

¿Ya está a salvo?

Todavía no. En México el flamenco americano está clasificado como Amenazado en la Norma de especies en riesgo (NOM-059-SEMARNAT-2010). Su recuperación depende de que permanezca conectado todo un mosaico de humedales costeros. Los flamencos pueden recorrer cerca de 300 kilómetros entre las zonas donde se concentran y alimentan y sus áreas reproductivas, por lo que proteger únicamente la colonia de anidación no es suficiente.

La pérdida y transformación de humedales, la contaminación, el desarrollo costero, las perturbaciones humanas y los cambios en los niveles del agua continúan siendo amenazas. A ellas se suma el cambio climático, que puede modificar las lluvias, inundaciones, salinidad y disponibilidad de alimento y alterar incluso los lugares y las fechas en que los flamencos se reproducen.

La historia del flamenco mexicano demuestra algo importante: no siempre es necesario esperar a que una especie esté al borde de la extinción para salvarla. Proteger a tiempo sus hábitats, mantener el monitoreo durante décadas y hacer partícipes a las comunidades puede cambiar su trayectoria. El regreso de decenas de miles de flamencos cada año a los humedales de Yucatán es también la historia de la recuperación y protección de un paisaje entero.

Fuentes

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CONANP. 2026. Se anillaron 425 ejemplares de flamenco rosado en la Reserva de la Biosfera Ría Lagartos. Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas, México.Delfino, H.C. & C.J. Carlos. 2024. Flamingos as ecosystem engineers: flock size and foraging behaviors linked to nutrient availability. Behavioral Ecology 35(5): arae062. 

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Flamingos, la vida después del meteorito. 2024. Documental de Lorenzo Hagerman



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