El regreso del Tiro de Teuchitlán: el efecto Lázaro
El tiro de Teuchitlán es un pequeño pez de agua dulce de 6 a 8 cm, endémico de los manantiales del río Teuchitlán, en la cuenca alta del río Ameca, Jalisco. Considerado como una especie extinta, recientemente regresó a la vida silvestre, después de un intenso proceso de recuperación.
La especie fue descrita formalmente en 1998, a partir de ejemplares colectados décadas antes, cuando ya se pensaba que había desaparecido de la naturaleza (Webb y Miller, 1998).
El tiro pertenece a la familia de los mexclapiques, tiros y picotes, un grupo de alrededor de 35 especies, con varias singularidades: son endémicos de México y casi todos vivíparos, y con fecundación interna. El radio anterior de la aleta anal esta modificado y funciona como órgano copulador. Desafortunadamente, otra característica compartida en este grupo, es que la mayoría se encuentran en categorías de riesgo (Bamford et al. 2023).
El río Teuchitlán fue alguna vez el hogar de varias especies de peces endémicos. La contaminación, la transformación del hábitat, la fragmentación del sistema acuático y, especialmente, la introducción de peces exóticos fueron deteriorando las condiciones del río. La construcción de la presa La Vega en 1955 modificó además el sistema hidrológico y facilitó algunos de estos cambios (Webb y Miller, 1998; Lyons et al., 2019).
Cuando la historia del tiro parecía destinada a terminar con su desaparición, algunos individuos habían sobrevivido en acuarios y colecciones de conservación. Paradójicamente, los miembros de esta familia han sido más apreciados entre los acuaristas europeos que entre los mexicanos. Esa pequeña población mantenida fuera de la naturaleza sería, años después, la semilla para intentar devolverlo a su hogar.
Aunque la especie fue descrita en 1998, para entonces ya se pensaba que estaba extinta en la naturaleza. Sin embargo, entre 2000 y 2001 se descubrió una pequeña población remanente, de menos de 100 individuos, en un sitio aislado de los manantiales de Teuchitlán. La población era tan pequeña que ya presentaba señales de endogamia (de la Vega-Salazar et al., 2003; Bailey et al., 2007).
La última observación confirmada de la especie en ese sitio ocurrió en 2008. Una sequía severa en 2010 secó completamente el lugar donde sobrevivía la población. Cuando el agua regresó, el sitio había sido ocupado por peces exóticos y otros nativos como el guatopote manchado, pero translocado de su distribución original en las cuencas de la vertiente del Golfo de México. Las búsquedas posteriores no encontraron nuevamente al tiro (Lyons et al., 2019).
La especie volvió entonces a considerarse Extinta en Estado Silvestre... Pero no estaba extinta. Sobrevivía en acuarios.
Durante años, acuarios, zoológicos, universidades y organizaciones de conservación mantuvieron poblaciones del tiro de Teuchitlán. Estas colonias ex situ fueron fundamentales: conservaron individuos vivos cuando la especie ya no podía encontrarse en su ambiente natural.
La población que sobrevivió en cautiverio se convirtió así en una especie de arca genética. Gracias a ella todavía existía la posibilidad de que algún día el tiro regresara a los manantiales donde había evolucionado.
La recuperación del tiro de Teuchitlán es también la historia de muchas personas que hicieron posible su regreso.
En la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, el Laboratorio de Biología Acuática desarrolló durante años investigaciones sobre los peces del río Teuchitlán y creó las condiciones para reproducir y estudiar ejemplares en cautiverio. El programa ha sido coordinado por Omar Domínguez-Domínguez y contó con la participación de investigadores, estudiantes y técnicos, entre ellos Rubén Hernández-Morales, Martina Medina-Nava, Yvonne Herrerías-Diego, David Tafolla-Venegas, Ana Leticia Escalante-Jiménez, Luis Humberto Escalera-Vázquez y Federico Hernández-Valencia, entre muchos otros colaboradores.
La historia tampoco comenzó en México. La conservación en cautiverio dependió de una red internacional de acuaristas, zoológicos y organizaciones que mantuvieron individuos durante décadas. La población fundadora que dio origen a las colonias actuales procedía de cuatro parejas colectadas en 1990 y mantenidas y reproducidas en el Reino Unido. Posteriormente, individuos llegaron al Zoológico de Chester y, en 2000, una parte de esta población fue trasladada a las instalaciones de la Universidad Michoacana (Bailey et al., 2007; Domínguez-Domínguez et al., 2026).
Y en Teuchitlán surgieron otros guardianes. La comunidad comenzó a involucrarse en la recuperación de los peces y del río. En 2018 se formó un colectivo que trabajó con el llamado Proyecto Zoogy, nombre cariñoso que recibió el tiro. En 2021 el grupo adoptó el nombre de Guardianes del Río Teuchitlán y comenzó a desarrollar actividades de educación ambiental con niños y habitantes de la comunidad.
Entre quienes han impulsado este trabajo se encuentran Consuelo Rivera Santos, Martha Hernández Rodríguez, Martha Rivera y J. Pilar Navarro Robles, integrantes del colectivo local. Su trabajo ha conectado la investigación científica con escuelas, espacios comunitarios y habitantes de Teuchitlán, convirtiendo la recuperación del pez en una oportunidad para recuperar también la relación de la comunidad con su río.
Los Guardianes del Río Teuchitlán forman parte de una red más amplia que incluye a la Universidad Michoacana, instituciones académicas y educativas, zoológicos, acuarios y organizaciones de conservación nacionales e internacionales.
En la Universidad Michoacana, los investigadores comenzaron a estudiar cómo preparar a los peces para una vida fuera del cautiverio. No bastaba con producir muchos pececillos. Había que saber si podían sobrevivir en condiciones naturales y si el río todavía podía recibirlos.
El proyecto siguió un proceso de varias etapas. Primero se incrementó la población en cautiverio y se estudiaron su biología y comportamiento. Después se evaluaron las condiciones ambientales del río y los manantiales para localizar sitios adecuados.
También se realizaron experimentos en condiciones seminaturales para conocer la capacidad de los peces para sobrevivir y reproducirse fuera de los acuarios. Finalmente se seleccionaron los sitios de liberación y comenzó el monitoreo de largo plazo (Domínguez-Domínguez et al., 2026).
Uno de los principales problemas eran los peces exóticos. Por ello fue necesario retirarlos de los sitios seleccionados y evaluar otros riesgos, incluidos los relacionados con parásitos y las condiciones ambientales.
La lección era clara: no se podía recuperar al pez sin recuperar primero las condiciones que necesitaba para vivir.
En 2012, un grupo inicial de apenas 80 tiros fue colocado en grandes estanques artificiales. En los cuatro años siguientes, la población llegó a alcanzar una estimación de alrededor de 10,000 individuos.
Los estanques permitieron estudiar a la especie en condiciones cercanas a las naturales y, al mismo tiempo, producir suficientes ejemplares para comenzar la reintroducción (Domínguez-Domínguez et al., 2026).
En uno de los experimentos, aproximadamente 84% de los peces confinados en jaulas murió durante los primeros tres meses. Pero los sobrevivientes se reprodujeron. En otro sitio, cerca de 45% de los peces sobrevivió y también comenzó a reproducirse. Estos resultados permitieron modificar las estrategias antes de realizar una liberación de mayor escala (Domínguez-Domínguez et al., 2018).
En noviembre de 2017 comenzó la reintroducción que daría origen a la población que actualmente vive nuevamente en el sistema de manantiales y río Teuchitlán.
Pero liberar los peces fue solamente el comienzo.
Los investigadores realizaron siete años de monitoreo, siguiendo su supervivencia, reproducción, distribución y adaptación. Los resultados publicados en 2026 muestran que el tiro no solamente sobrevivió: se reprodujo, estableció una población y comenzó a extenderse hacia manantiales cercanos (Domínguez-Domínguez et al., 2026).
Después de varias generaciones de peces, los investigadores consideran que la población parece haber alcanzado la capacidad de carga del sistema y que su área de distribución se ha ampliado dentro del complejo de manantiales y río.
El pequeño pez que había desaparecido de la naturaleza volvió a formar una población funcional en su ambiente original.
La recuperación del tiro no se limitó a peces, estanques y laboratorios. El programa incorporó actividades de educación ambiental y participación comunitaria. Se formó un grupo de 22 voluntarios para el monitoreo comunitario del agua, mientras que las actividades educativas involucraron a niños y habitantes de Teuchitlán.
Después de dos años, 75% de las personas encuestadas manifestó una mayor valoración del hábitat acuático (Domínguez-Domínguez et al., 2018).
El trabajo de los Guardianes del Río Teuchitlán ayudó a convertir la recuperación del tiro en una historia de participación local. Los niños aprendieron sobre los peces que viven en su río y comenzaron a compartir con otras personas la importancia de conservarlo.
La recuperación de una especie se convirtió así en una oportunidad para fortalecer el vínculo entre la comunidad y su ecosistema.
El caso del tiro de Teuchitlán resulta particularmente interesante porque muestra que una especie puede regresar de la extinción en estado silvestre cuando todavía existe una población viable fuera de la naturaleza y cuando la reintroducción forma parte de un proceso más amplio de restauración.
El proyecto combinó: conservación ex situ, investigación, reproducción, restauración del hábitat, control de especies exóticas, experimentación, reintroducción, monitoreo y participación comunitaria.
No fue simplemente cuestión de criar peces y soltarlos. Primero hubo que conservarlos. Después entenderlos. Luego recuperar las condiciones de su hábitat. Finalmente, había que comprobar durante años que podían sobrevivir y reproducirse por sí mismos. Por eso, la historia del tiro de Teuchitlán es también una historia sobre la restauración de un ecosistema y la recuperación de la relación de una comunidad con su río. Y quizá una de sus mayores enseñanzas sea ésta: la reintroducción no fue el principio de la restauración, sino una de sus últimas etapas.
Los peces de agua dulce se encuentran entre los grupos de vertebrados más amenazados del planeta, pero históricamente han recibido menos atención en los programas de reintroducción que los grandes mamíferos y las aves (ver otras historias).
El tiro de Teuchitlán demuestra que una especie pequeña, endémica y poco conocida puede regresar a la naturaleza después de haber sido considerada extinta en estado silvestre. Actualmente, la especie está clasificada por la UICN como En Peligro (EN) y presenta una tendencia poblacional creciente. En México está incluida en la NOM-059-SEMARNAT-2010 como En Peligro de Extinción (P).
Su historia todavía no termina. La presencia de peces exóticos, la disponibilidad de agua y la conservación de los manantiales siguen siendo factores importantes para su futuro. Pero ahora el tiro tiene algo que no tenía hace apenas unas décadas: una población nuevamente en libertad y una comunidad que sabe que ese pequeño pez también forma parte de su patrimonio natural.
Bailey, N. W., Macías-García, C., & Ritchie, M. G. 2007. Beyond the point of no return? A comparison of genetic diversity in captive and wild populations of two nearly extinct species of Goodeid fish reveals that one is inbred in the wild. Heredity, 98(6), 360–367.
Bamford, P.; Baltzer, M.; Contreras-MacBeath, T.; Domínguez-Dominguez O.; Goodwin, R.; Edmondstone, M.; Hernández Valencia, F.; Köck, M; Patricio, H; Ramírez-García, A. 2023. Action plan for the Conservation of Mexico’s Goodeid Fishes. IUCN SSC Freshwater Conservation Committee and Universidad MIchoacana San Nicolás de Hidalgo. 58 p.
de la Vega-Salazar, M. Y., Ávila-Luna, E., & Macías-García, C. 2003. Ecological evaluation of local extinction: The case of two genera of endemic Mexican fish, Zoogoneticus and Skiffia. Biodiversity and Conservation, 12, 2043–2056.
Domínguez-Domínguez, O., Hernández-Morales, R., Medina-Nava, M., Herrerías-Diego, Y., Tafolla-Venegas, D., Escalante-Jiménez, A. L., Escalera-Vázquez, L. H., & García, G. 2018. Progress in the reintroduction program of the tequila splitfin in the springs of Teuchitlán, Jalisco, Mexico. En Global Conservation Translocation Perspectives: 2018. Case Studies from the IUCN SSC Conservation Translocation Specialist Group. IUCN/SSC Conservation Translocation Specialist Group.
Domínguez-Domínguez, O., et al. 2026. From captivity to recovery: Successful reintroduction of the extinct-in-the-wild Zoogoneticus tequila into its natural habitat. Biological Conservation, 316, 111734.
Hernández-Morales, R., Medina-Nava, M., Tafolla-Venegas, D., Herrerías-Diego, Y., Escalante-Jiménez, L., Escalera-Vázquez, L. H., Hernández-Valencia, F., & Domínguez-Domínguez, O. 2020. Reintroducción de Zoogoneticus tequila en los manantiales de Teuchitlán, Jalisco: Primera fase. Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Facultad de Biología. Informe CONABIO, Proyecto NE002.
Lyons, J., et al. 2019. Distribution and current conservation status of the Mexican Goodeidae (Actinopterygii, Cyprinodontiformes). Journal of Fish Biology, 95(5), 1111–1131.
Webb, S. A., & Miller, R. R. 1998. Zoogoneticus tequila, a new goodeid fish (Cyprinodontiformes) from the Ameca drainage of Mexico, and a rediagnosis of the genus. Occasional Papers of the Museum of Zoology, University of Michigan, 725, 1–23.