El retorno de la guacamaya roja

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Guacamaya roja. Foto: Miguel Ángel Sicilia.

Guacamaya roja. Foto: Miguel Ángel Sicilia.

Guacamaya roja. Foto: Miguel Ángel Sicilia.

Guacamaya roja. Foto: Miguel Ángel Sicilia.

Selva lacandona. Foto: Miguel Ángel Sicilia.

Selva lacandona. Foto: Miguel Ángel Sicilia.

Guacamaya roja. Foto: Miguel Ángel Sicilia.

Guacamaya roja. Foto: Miguel Ángel Sicilia.

La guacamaya roja fue durante siglos una de las aves más características de las selvas tropicales mexicanas. Su distribución histórica se extendía por las tierras bajas húmedas desde Tamaulipas hasta la península de Yucatán y Chiapas. Pero la destrucción de las selvas, la cacería y, especialmente, la captura para el comercio de mascotas redujeron drásticamente sus poblaciones. A principios del siglo XXI había desaparecido de aproximadamente 98 % de su distribución original en México y sobrevivía principalmente en la Selva Lacandona y regiones vecinas de Chiapas (Estrada, 2014).

Guacamaya roja. Foto: Miguel Ángel Sicilia.

Guacamaya roja. Foto: Miguel Ángel Sicilia.

Entonces ocurrió algo excepcional: guacamayas nacidas bajo cuidado humano comenzaron a utilizarse para reconstruir poblaciones silvestres desaparecidas. Primero regresaron a Palenque, Chiapas, en 2013. Un año después comenzaron las liberaciones en Los Tuxtlas, Veracruz, donde habían desaparecido varias décadas antes.

¿Qué le pasó?

Guacamaya roja. Foto: Miguel Ángel Sicilia.

Guacamaya roja. Foto: Miguel Ángel Sicilia.

La guacamaya roja necesita grandes extensiones de selva con árboles maduros. Se alimenta principalmente de frutos y semillas y utiliza cavidades en árboles grandes para reproducirse. La transformación de las selvas eliminó tanto sus fuentes de alimento como muchos de sus sitios de anidación. A esto se sumó una segunda amenaza: su extraordinaria belleza.

Durante décadas, polluelos y adultos fueron capturados para venderlos como mascotas. La extracción tiene consecuencias particularmente graves en una especie longeva, que tarda varios años en alcanzar la madurez sexual y produce pocas crías. El resultado fue la desaparición de poblaciones completas. En Palenque, Chiapas, llevaba varias décadas ausente cuando comenzó el proyecto de reintroducción; en Los Tuxtlas había desaparecido aproximadamente 40 años antes.

Fechas clave

Décadas anteriores a 2010 — La distribución mexicana colapsa. La guacamaya roja desaparece de aproximadamente 98 % de su distribución histórica en México.

1993 — Comienza el programa reproductivo de Xcaret. Se forma progresivamente una población bajo cuidado humano que posteriormente proporcionará aves para las reintroducciones.

2013 — Regresa a Palenque. Comienzan las primeras liberaciones de guacamayas criadas en Xcaret.

2013–2014 — Se liberan 92 guacamayas. Se realizan seis liberaciones en Palenque y se registra una supervivencia de 92% hasta agosto de 2014 (Estrada, 2014).

2014 — Regresa a Los Tuxtlas. Comienza un segundo programa de reintroducción con aves criadas en Xcaret.

2016 — Los Tuxtlas supera las 100 liberaciones. Después de cinco eventos se habían liberado 118 guacamayas.

2017–2018 — Se experimenta con nidos artificiales. En Los Tuxtlas se instalan y monitorean cajas-nido para compensar la escasez de cavidades naturales. Algunas son inspeccionadas y utilizadas por las guacamayas, y en una se registra incluso la puesta de un huevo.

Selva lacandona. Foto: Miguel Ángel Sicilia.

Selva lacandona. Foto: Miguel Ángel Sicilia.

¿Qué se hizo?

Primero: producir guacamayas

Una pieza fundamental de esta historia ocurrió lejos de las selvas donde posteriormente serían liberadas. El Parque Xcaret, en Quintana Roo, desarrolló desde 1993 un programa de reproducción de guacamaya roja. Esa capacidad permitió disponer de suficientes individuos para intentar algo mucho más ambicioso que conservarlas bajo cuidado humano: utilizar sus descendientes para reconstruir poblaciones silvestres desaparecidas.

Pero había una pregunta fundamental: ¿de dónde procedían esas guacamayas y eran genéticamente apropiadas para liberarlas en México?

¿De dónde vinieron las guacamayas?

La población reproductora de Xcaret no procedía de una única población silvestre. Se fue formando mediante intercambios con zoológicos y donaciones de particulares, por lo que sus fundadores tenían procedencias diversas. Esto hacía indispensable comprobar su identidad genética antes de utilizar sus descendientes en una reintroducción.

Los análisis moleculares confirmaron que las aves seleccionadas correspondían a Ara macao cyanoptera, la subespecie distribuida históricamente desde México hasta el norte de Centroamérica, y no a la forma sudamericana A. m. macao (Estrada, 2014). Un estudio genético posterior analizó 49 fundadores y 166 descendientes reproductores de Xcaret, encontró una diversidad genética relativamente elevada, que no había disminuido entre ambos grupos, e identificó varios componentes genéticos dentro de la población (Escalante-Pliego et al., 2022).

Así, las aves utilizadas para recuperar Palenque y Los Tuxtlas son descendientes de una población ex situ de procedencia diversa cuya identidad mesoamericana y diversidad genética fueron evaluadas antes y durante el programa de conservación.

Aprender a ser una guacamaya silvestre

Pero tener las guacamayas genéticamente adecuadas no resolvía el siguiente problema. Las aves habían nacido bajo cuidado humano. Tenían que aprender a vivir en una selva.

El proyecto de Palenque desarrolló un protocolo de liberación suave o soft release. Antes de ser liberadas, las aves pasaban por un periodo de preparación y, después de abrir los aviarios, continuaban recibiendo alimento suplementario mientras aprendían progresivamente a utilizar los recursos naturales. Además, eran monitoreadas individualmente después de la liberación.

El resultado inicial fue notable: entre abril de 2013 y junio de 2014 se realizaron seis liberaciones con 92 guacamayas. Para agosto de 2014 sobrevivía aproximadamente 92 % de ellas (Estrada, 2014). Pero sobrevivir no era suficiente, tenían que comportarse nuevamente como guacamayas silvestres.

De alimento proporcionado a frutos silvestres

El seguimiento en Palenque permitió documentar cómo aves criadas bajo cuidado humano comenzaron a explorar y utilizar frutos, semillas y otros alimentos disponibles naturalmente en la selva. Sin una población silvestre residente de la cual aprender, las guacamayas fueron incorporando progresivamente diferentes recursos naturales a su dieta. Esto representaba una transición fundamental: nacidas bajo cuidado humano → liberadas → encuentran alimento silvestre → forman parejas → buscan cavidades → se reproducen. Una liberación comenzaba así a transformarse en una nueva población.

Los Tuxtlas: recuperar también las casas

La experiencia se trasladó a Los Tuxtlas, Veracruz, donde comenzaron las liberaciones en 2014. Para agosto de 2016 se habían liberado 118 guacamayas en cinco etapas. Pero allí apareció otro problema. Había guacamayas, pero no necesariamente suficientes árboles grandes con cavidades apropiadas para reproducirse. La deforestación no solamente había eliminado a la especie; también había eliminado parte de la infraestructura biológica necesaria para que pudiera regresar. Por ello comenzaron a instalarse cajas-nido artificiales.

Entre 2017 y 2018 se monitorearon 17 cajas-nido. Seis fueron visitadas regularmente por guacamayas; algunas presentaron señales de preparación del nido y en una se encontró un huevo. El estudio también mostró nuevos problemas: dos cajas fueron ocupadas por abejas melíferas europeas y otra recibió la visita de un posible depredador, la martucha  (Gómez-Gómez et al., 2020).

En ese momento, Los Tuxtlas contaba ya con alrededor de 120 guacamayas libres formando una nueva población silvestre. Esto revela una idea fundamental: reintroducir una especie puede requerir restaurar también las estructuras del ecosistema que necesita para reproducirse.

Guardianes de la biodiversidad

La recuperación de la guacamaya roja en México fue posible gracias a una alianza entre personas e instituciones con funciones muy diferentes. En Xcaret, el biólogo Rodolfo Raigoza Figueras ha sido una de las figuras centrales del programa de reproducción iniciado en 1993. Durante décadas, Xcaret desarrolló técnicas de reproducción y crianza que finalmente permitieron producir aves capaces de ser preparadas para regresar a la vida silvestre.

En Palenque, la iniciativa fue encabezada por Ecoparque Aluxes, dirigido por María de Lourdes Silva García, en colaboración con Xcaret y el Instituto de Biología de la UNAM. El investigador Alejandro Estrada tuvo un papel científico central en el diseño y evaluación de la reintroducción, incluyendo el protocolo de liberación gradual y el seguimiento de las aves después de recuperar su libertad.

La segunda historia comenzó en Los Tuxtlas, Veracruz, donde la investigadora Patricia Escalante Pliego, del Instituto de Biología de la UNAM, encabezó científicamente un proyecto que reunió a la UNAM, Xcaret, Bosque Antiguo A.C., la Reserva Ecológica Nanciyaga y otras organizaciones. En Nanciyaga, Carlos Manuel Rodríguez Mouriño y un equipo de biólogos, técnicos y habitantes locales participaron en la liberación, seguimiento y protección de las nuevas poblaciones.

Así, la recuperación de la guacamaya roja no fue obra de una sola institución. Requirió décadas de reproducción bajo cuidado humano, investigación genética, manejo veterinario, preparación conductual, restauración del hábitat, monitoreo y participación de las comunidades locales.

Las guacamayas regresaron porque muchas personas hicieron posible cada una de esas etapas.

¿Qué cambió en el ecosistema?

La guacamaya roja no es solamente una hermosa habitante de la selva. Es un gran consumidor de frutos y semillas. Su poderoso pico le permite abrir frutos y semillas que muchos otros animales no pueden utilizar. La relación comienza así: árboles → frutos y semillas → guacamayas.

Pero las guacamayas también transportan frutos y semillas entre árboles y sitios de alimentación. Consumen algunas semillas y dejan caer otras, por lo que pueden actuar tanto como depredadoras como dispersoras de semillas. Recuperarlas significa restablecer interacciones entre grandes aves frugívoras y plantas tropicales que habían desaparecido durante décadas. Sin embargo, debemos mantener una distinción importante: conocemos las relaciones ecológicas de las guacamayas, pero todavía no tenemos evidencia suficiente para afirmar que las poblaciones reintroducidas en Palenque o Los Tuxtlas hayan producido cambios medibles en la regeneración de esas selvas. Ésa es una pregunta importante para el futuro.

Restaurar árboles para restaurar guacamayas

La historia de Los Tuxtlas revela una relación circular: árboles grandes → cavidades → guacamayas → frutos y semillas → regeneración de la selva → futuros árboles grandes. Romper cualquiera de estos vínculos dificulta la recuperación. Por eso la restauración de la guacamaya no termina con la liberación de aves. Mientras vuelven a existir suficientes árboles maduros con cavidades naturales, las cajas-nido pueden funcionar como una estructura temporal de restauración. La recuperación de la especie y la recuperación de su hábitat terminan siendo parte del mismo proceso.

Y también había que recuperar una relación con las personas

La captura para el comercio había sido una de las principales causas de desaparición de la guacamaya roja. Por ello, los proyectos incorporaron educación ambiental, participación comunitaria, vigilancia y monitoreo. En Palenque se consideró desde el diseño del proyecto que el apoyo de las comunidades locales era indispensable para el éxito de la reintroducción. En Los Tuxtlas, biólogos, veterinarios y habitantes locales participaron en la preparación, liberación y seguimiento de las aves.

Esto completa otra transformación necesaria: personas que capturan guacamayas → comunidades que protegen y monitorean guacamayas. Sin ella, ninguna población reintroducida estaría realmente segura.

Recuperar relaciones, no solamente guacamayas

La recuperación de la guacamaya roja ha requerido reconstruir varias relaciones simultáneamente. El proceso completo puede resumirse así: reproducción bajo cuidado humano → selección genética → preparación → liberación gradual → supervivencia → alimentación silvestre → formación de parejas → reproducción → nueva población silvestre.

Palenque demostró que aves nacidas bajo cuidado humano podían aprender nuevamente a vivir en una selva. Los Tuxtlas mostró algo complementario: para que permanezcan allí durante generaciones también es necesario recuperar las estructuras de la selva que necesitan para reproducirse.

¿Ya está a salvo?

Guacamaya roja. Foto: Miguel Ángel Sicilia.

Guacamaya roja. Foto: Miguel Ángel Sicilia.

No. Aunque las reintroducciones han recuperado poblaciones en lugares donde la especie había desaparecido, continúan las amenazas de pérdida y fragmentación de selva, escasez de árboles grandes para anidación y captura ilegal. Además, una población reintroducida sólo alcanza una etapa mucho más avanzada de recuperación cuando puede sobrevivir y reproducirse durante generaciones sin depender permanentemente de nuevas liberaciones, alimentación suplementaria o nidos artificiales.

Por ello, el indicador más importante ya no debería ser: ¿cuántas guacamayas liberamos? sino: ¿cuántas guacamayas nacen ahora en libertad y producen, a su vez, nuevas generaciones silvestres?

La historia comenzó reproduciendo guacamayas. El verdadero objetivo es conseguir que las selvas vuelvan a producirlas por sí mismas.

Referencias

Amaya-Villarreal, A. M., Estrada, A. y Vargas-Ramírez, N. 2015. Use of wild foods during the rainy season by a reintroduced population of Scarlet Macaws (Ara macao cyanoptera) in Palenque, Mexico. Tropical Conservation Science 8(2): 455–478.

Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP). 2015. Se liberan 29 guacamayas en el Área Natural Protegida de Los Tuxtlas, Veracruz. Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, México.

Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP). 2016. Liberan 23 guacamayas rojas en Los Tuxtlas, Veracruz. Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, México.

Escalante-Pliego, P., Matías-Ferrer, N., Rosas-Escobar, P., Lara-Martínez, G., Sepúlveda-González, K. y Raigoza-Figueras, R. 2022. Genetic diversity and population structure of Mesoamerican Scarlet Macaws in an ex situ breeding population in Mexico. Diversity.

Estrada, A. 2014. Reintroduction of the Scarlet Macaw (Ara macao cyanoptera) in the tropical rainforests of Palenque, Mexico: Project design and first year progress. Tropical Conservation Science 7(3): 342–364. https://doi.org/10.1177/194008291400700301.

Gómez-Gómez, A. O., Escalante-Pliego, P. y Mosqueda-Cabrera, M. A. 2020. Uso de cajas-nido por la guacamaya roja (Ara macao) en la región de Los Tuxtlas, Veracruz. Huitzil, Revista Mexicana de Ornitología.

IUCN SSC Conservation Translocation Specialist Group. 2018. Reintroduction of Scarlet Macaws to Los Tuxtlas, Veracruz, México. En: Global Conservation Translocation Perspectives: 2018. IUCN SSC Conservation Translocation Specialist Group.

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