Isla Clarión: una restauración que todavía continúa
La Isla Clarión es la más occidental del archipiélago de Revillagigedo y una de las islas más aisladas de Méxh2ico (720 km de distancia a tierra firme). Su separación del continente permitió que durante miles de años plantas y animales evolucionaran de manera independiente, dando origen a una biota singular con especies que no existen en ningún otro lugar. Entre ellas se encuentran la lagartija de Clarión, la culebra chirriadora de la Isla Clarión y la culebra nocturna de Clarión, además de varias aves y plantas endémicas.
Este ecosistema comenzó a transformarse con la presencia humana y la introducción de animales que nunca habían formado parte de las comunidades naturales de la isla. Entre los mamíferos que lograron establecer poblaciones silvestres estuvieron el borrego, el cerdo y el conejo europeo.
Los borregos y conejos consumían la vegetación, mientras que los cerdos removían el suelo en busca de alimento, destruyendo nidos y consumiendo huevos. Con el tiempo, estas presiones redujeron la cobertura vegetal y favorecieron la erosión en algunas zonas de la isla (Méndez-Guardado, 2001, Aguirre-Muñoz et al., 2011).
Las descripciones de los primeros naturalistas muestran la magnitud de algunos de estos cambios. Extensas agrupaciones de cactus observadas históricamente prácticamente desaparecieron y distintas áreas sufrieron pérdida de vegetación y erosión (Townsend 1890, Anthony 1898).
“La isla Clarión tiene aproximadamente 10 kilómetros de largo por 5 kilómetros de ancho en promedio. La parte central consiste en una meseta de unos 300 metros de altura, con algunas elevaciones que quizá alcanzan unos 150 metros adicionales. Está cubierta en su mayor parte por pastos altos, que llegan hasta la cabeza, entre los cuales el caminante avanza con gran dificultad; las laderas de las elevaciones menores están más despejadas, con arbustos dispersos y árboles bajos y achaparrados.
No pude alcanzar la meseta sino después de dos horas de ardua lucha a través de la espesura de cactus que cubre sus laderas meridionales, abriéndome paso prácticamente a cada paso con un machete afilado. Ningún otro miembro del grupo lo intentó. Los cactus hacen que prácticamente todas las partes bajas de la isla sean intransitables.”
C. H. Townsend, 1890
Los mamíferos introducidos no fueron la única causa: un gran incendio ocurrido en 1984 también modificó el paisaje. Clarión acumuló así diferentes perturbaciones durante décadas, haciendo difícil separar completamente el efecto de cada una (Mulcahy et al., 2014, 2025).
1979. Se establece un destacamento naval permanente en Clarión, aumentando la presencia humana y el riesgo de introducción de organismos.
Década de 1980. Los conejos europeos se establecen en la isla, probablemente a partir de un número muy pequeño de animales domésticos, y su población aumenta rápidamente.
1984. Un gran incendio afecta una parte considerable de la vegetación de Clarión.
2001. Comienza una campaña sistemática para controlar y erradicar mamíferos introducidos.
2002. Se habían eliminado al menos 79 borregos, 108 cerdos y 28,215 conejos. La erradicación de borregos y cerdos tuvo éxito.
2003. Después de eliminar aproximadamente 30 mil conejos, el intento de erradicación se suspende sin haber eliminado todos los individuos.
2009. La población de conejos vuelve a estimarse en aproximadamente 34 mil individuos, confirmando que reducir drásticamente una población no equivale a erradicarla.
2012. La pardela de Revillagigedo vuelve a encontrarse reproduciéndose en Clarión después de décadas sin confirmación de reproducción.
2013. Una expedición científica redescubre la culebra nocturna de Clarión, conocida hasta entonces por un solo individuo recolectado en 1936.
2023. Un inventario de la flora registra 62 especies de plantas vasculares, ocho estrictamente endémicas de Clarión y 16 introducidas.
2025. Un estudio genético aporta evidencia de que las iguanas espinosas de Clarión, consideradas durante años como introducidas por seres humanos, probablemente colonizaron la isla naturalmente hace cientos de miles de años.
A principios del siglo XXI comenzó en Clarión uno de los esfuerzos de restauración insular más ambiciosos realizados hasta entonces en México. El trabajo fue encabezado por el Grupo de Ecología y Conservación de Islas (GECI), organización mexicana que empezaba a desarrollar un programa sistemático de erradicación de mamíferos invasores en las islas del noroeste del país. En Clarión trabajó en coordinación con la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP), la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) y la Secretaría de Marina (SEMAR). Entre seis y diez técnicos permanecieron en la remota isla realizando los trabajos de campo.
El proyecto formaba parte de una colaboración más amplia entre conservacionistas mexicanos y especialistas internacionales en restauración de islas. Entre las personas vinculadas a este proceso estuvieron Alfonso Aguirre-Muñoz, José Ángel Sánchez Pacheco y otros integrantes de GECI, junto con investigadores y especialistas como Bernie Tershy y Don Croll, de la Universidad de California en Santa Cruz, que participaron en el desarrollo de la estrategia de conservación de las islas mexicanas. Las publicaciones posteriores sobre Clarión incluyen también a investigadores y técnicos como Araceli Samaniego-Herrera, Luciana Luna-Mendoza, Miguel Rodríguez-Malagón y Federico Méndez-Sánchez, entre otros.
A partir de 2001, los equipos de campo emprendieron la eliminación simultánea de borregos, cerdos y conejos. Los cerdos y borregos fueron perseguidos mediante cacería sistemática y posteriormente se realizaron recorridos para comprobar que no quedaran individuos. Para junio de 2002 se habían eliminado 79 borregos y 108 cerdos, y finalmente ambas poblaciones fueron erradicadas. Clarión continúa figurando en el registro de erradicaciones mexicanas como una eliminación exitosa de las dos especies en 2002.
El desafío más grande fueron los conejos. Los equipos utilizaron cazadores, tramperos y otros métodos que habían funcionado anteriormente en islas mexicanas más pequeñas. Lograron eliminar alrededor de 30 mil conejos, pero Clarión planteó un problema de una escala completamente distinta. La estrategia que había sido efectiva en islas menores no funcionó suficientemente bien en una isla tan grande y compleja; el financiamiento terminó antes de que pudiera eliminarse el último animal. Cerdos y borregos desaparecieron, pero algunos conejos sobrevivieron y la población volvió a crecer. Los propios responsables analizaron posteriormente este fracaso y señalaron deficiencias de planeación, ensayos previos y presupuesto, convirtiendo la experiencia de Clarión en una lección para proyectos posteriores.
El resultado proporcionó una importante lección para los programas posteriores de restauración insular. Una reducción de más de 90 o incluso 99 % puede parecer un éxito desde el punto de vista del control de una población, pero no constituye una erradicación. Si permanecen unos cuantos individuos capaces de reproducirse, la población puede recuperarse. Eso fue precisamente lo que ocurrió en Clarión: para 2009 se estimaban nuevamente alrededor de 34 mil conejos.
La eliminación de cerdos y borregos terminó definitivamente con dos importantes fuentes de perturbación. Desaparecieron el pastoreo y pisoteo producido por los borregos, así como la remoción del suelo y la depredación asociadas con los cerdos. Sin embargo, la permanencia de los conejos significa que la presión de herbivoría sobre la vegetación no desapareció y, por ello, no existe todavía evidencia suficiente para afirmar que Clarión haya experimentado una recuperación generalizada de su cubierta vegetal.
La respuesta de la fauna también ha resultado compleja. Una de las observaciones más interesantes ocurrió en 2012, cuando la pardela de Revillagigedo volvió a encontrarse reproduciéndose en Clarión después de décadas sin confirmación de anidación. Se trata de una señal alentadora, pero sería incorrecto atribuir su regreso exclusivamente a la erradicación de cerdos y borregos, ya que durante ese periodo ocurrieron otros cambios y los conejos continuaron presentes.
Los estudios de las aves muestran igualmente que eliminar una especie invasora no significa que desaparezcan todas las causas naturales de mortalidad. En 2002–2003 se estimaron alrededor de 850 parejas del tecolote llanero de Clarión y al menos 46 parejas reproductoras de albatros de Laysan.
Aun después de eliminar a los cerdos, los huevos y polluelos de los albatros podían ser consumidos por depredadores nativos, entre ellos cuervos y serpientes (Wanless et al., 2009). Estas interacciones forman parte del funcionamiento natural del ecosistema y no deben confundirse con los impactos producidos por especies introducidas.
Clarión todavía guarda sorpresas. Durante más de siete décadas, la culebra nocturna de Clarión fue conocida únicamente por un individuo recolectado en 1936. Al no volver a encontrarse, llegó a dudarse incluso de la procedencia del ejemplar original.
En 2013, una expedición científica localizó 11 individuos en la isla. Los análisis morfológicos y genéticos confirmaron que se trataba de una especie distinta y endémica de Clarión (Mulcahy et al., 2014). Su redescubrimiento no puede atribuirse directamente a la erradicación de mamíferos, pero demuestra cuánto queda todavía por conocer incluso en una isla relativamente pequeña y subraya la importancia de conservar el ecosistema completo.
Otro descubrimiento reciente cambió nuestra interpretación de las iguanas espinosas que viven en Clarión. Durante años se consideró que habían sido transportadas por seres humanos desde el continente y, por tanto, que constituían otra especie introducida. Esa interpretación tenía implicaciones importantes: si se trataba de una invasora capaz de alterar el ecosistema, podía justificarse su eliminación.
Los análisis genéticos publicados en 2025 revelaron una historia muy diferente. Las iguanas de Clarión pertenecen a un linaje cuya separación de las poblaciones continentales se remonta aproximadamente a 425 mil años, mucho antes de la presencia humana en América. Sus antepasados pudieron alcanzar la isla sobre troncos o masas de vegetación arrastradas por las corrientes marinas (Mulcahy et al., 2025).
El descubrimiento proporciona una enseñanza particularmente importante para la restauración ecológica. La condición de una especie como nativa o introducida no siempre puede determinarse simplemente por registros históricos incompletos o por su apariencia. Antes de decidir eliminar una población es necesario comprender su origen, su historia evolutiva y sus relaciones ecológicas.
Clarión se encuentra hoy en mejores condiciones en algunos aspectos que a principios del siglo XXI. Los cerdos y borregos ya no forman parte de su ecosistema y se han eliminado permanentemente los impactos asociados con ellos. Al mismo tiempo, la permanencia de los conejos demuestra que la restauración todavía está incompleta.
A esta amenaza se suma la presencia de plantas introducidas: un inventario reciente identificó 16 especies no nativas entre las 62 especies de plantas vasculares registradas en la isla (Domínguez-Meneses et al., 2023).
Por ello, conservar Clarión requiere mucho más que una campaña de erradicación. Es necesario impedir nuevas introducciones mediante estrictas medidas de bioseguridad, monitorear las poblaciones de especies nativas e introducidas y evaluar los cambios de la vegetación durante períodos largos. Resolver eventualmente el problema de los conejos permitiría eliminar una de las principales presiones que todavía actúan sobre el ecosistema terrestre.
La experiencia de Clarión muestra también que la restauración ecológica es un proceso de aprendizaje. La erradicación de cerdos y borregos fue exitosa; la de los conejos no lo fue. Mientras tanto, una pardela volvió a reproducirse en la isla, una serpiente que parecía perdida fue redescubierta y una iguana considerada invasora resultó tener una historia evolutiva de cientos de miles de años.
Restaurar una isla no significa simplemente eliminar especies. Significa comprender cómo funciona su ecosistema, retirar las presiones que nosotros introdujimos y darle la oportunidad de recuperar sus propios procesos ecológicos.
Anthony, A.W. 1898. Avifauna of the Revillagigedo Islands. The Auk 15: 311–318.
Aguirre-Muñoz, A., Croll, D. A., Donlan, C. J., Henry, R. W. III, Hermosillo, M. A., Howald, G. R., Keitt, B. S., Luna-Mendoza, L., Rodríguez-Malagón, M., Salas-Flores, L. M., Samaniego-Herrera, A., Sánchez-Pacheco, J. A., Sheppard, J., Tershy, B. R., Toro-Benito, J., Wolf, S. & Wood, B. 2008. High-impact conservation: invasive mammal eradications from the islands of western México. Ambio 37(2): 101–107.
Aguirre-Muñoz, A., Samaniego-Herrera, A., Luna-Mendoza, L., Ortiz-Alcaraz, A., Rodríguez-Malagón, M., Méndez-Sánchez, F., Félix-Lizárraga, M., Hernández-Montoya, J. C., González-Gómez, R., Torres-García, F., Barredo-Barberena, J. M. & Latofski-Robles, M. 2011. Island restoration in Mexico: ecological outcomes after systematic eradications of invasive mammals. En: Veitch, C. R., Clout, M. N. & Towns, D. R. (eds.). Island Invasives: Eradication and Management. IUCN, Gland, Switzerland, pp. 250–258.
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