Islas mexicanas: una historia de recuperación

Imagen: Google Earth

Mapa de islas mexicanas restauradas. Imagen: Google Earth

Las islas ocupan una superficie muy pequeña del planeta, pero albergan una parte extraordinaria de su biodiversidad. Su aislamiento durante miles o millones de años ha permitido la evolución de especies que no existen en ningún otro lugar. Al mismo tiempo, ese aislamiento las hace particularmente vulnerables: muchas especies insulares evolucionaron sin grandes mamíferos herbívoros o depredadores terrestres y carecen de defensas frente a ellos.

México posee miles de islas e islotes distribuidos principalmente en el océano Pacífico, el golfo de California, el golfo de México y el mar Caribe. Algunas, como Guadalupe, Socorro y Clarión, se encuentran a cientos de kilómetros del continente y albergan numerosas especies endémicas. Otras son sitios fundamentales para la reproducción de aves y mamíferos marinos. En conjunto constituyen una parte pequeña pero excepcional del patrimonio natural mexicano.

Durante siglos, sin embargo, las personas llevaron accidental o deliberadamente animales y plantas que nunca habían estado presentes en estos ecosistemas. Ratas y ratones viajaron como polizones en embarcaciones; gatos fueron llevados para controlar roedores; cabras, borregos, cerdos, conejos, burros y otros animales fueron introducidos como fuentes de alimento o animales domésticos. Algunos escaparon y establecieron poblaciones silvestres.

En el continente, la presencia de un gato, una rata o una cabra puede parecer insignificante. En una isla puede transformar un ecosistema completo.

¿Que les pasó a las islas?

Los efectos dependen de la especie introducida. Ratas, ratones y gatos consumen huevos, polluelos, reptiles, invertebrados e incluso aves adultas. Cabras, borregos y conejos eliminan vegetación y dificultan su regeneración. Los cerdos remueven el suelo, consumen plantas y animales y destruyen sitios de reproducción. Al desaparecer la cubierta vegetal también puede aumentar la erosión y modificarse el ciclo de nutrientes.

Las aves marinas son particularmente vulnerables. Muchas pasan la mayor parte de su vida en el océano y regresan a tierra únicamente para reproducirse. Evolucionaron en islas donde podían anidar sobre el suelo o dentro de madrigueras sin enfrentar mamíferos depredadores. La llegada de una rata o un gato puede cambiar esa situación en muy poco tiempo.

El problema no termina con la desaparición de una especie. Cuando se pierde una población de aves marinas también disminuyen los nutrientes que transporta desde el océano hacia la tierra mediante sus excrementos, restos de alimento y cadáveres. De esta manera, una invasión biológica puede modificar simultáneamente poblaciones, vegetación, suelo y las conexiones entre ecosistemas marinos y terrestres.

Esta vulnerabilidad explica por qué las especies introducidas han contribuido a una proporción extraordinariamente alta de las extinciones ocurridas en islas alrededor del mundo.

¿Se puede revertir el daño?

A finales del siglo XX comenzó en México un esfuerzo sistemático para responder a este problema. Investigadores, organizaciones de la sociedad civil, comunidades locales, pescadores y distintas instituciones gubernamentales empezaron a eliminar poblaciones de mamíferos introducidos de algunas islas.

El objetivo era diferente al control tradicional de plagas. No se trataba simplemente de disminuir su número, sino de lograr la erradicación: eliminar todos los individuos de una especie invasora de una isla y evitar posteriormente que regresara.

Las primeras experiencias se realizaron en islas relativamente pequeñas. Conforme aumentaron el conocimiento, la experiencia y la tecnología, fue posible trabajar en islas mayores y enfrentar especies cada vez más difíciles de eliminar. México desarrolló así uno de los programas de restauración insular más extensos del mundo (Aguirre-Muñoz et al., 2008; 2011).

El esfuerzo ha involucrado islas del Pacífico de Baja California, el golfo de California y los archipiélagos oceánicos de Guadalupe y Revillagigedo. Gatos, ratas, ratones, cabras, borregos, cerdos, conejos, burros y otros mamíferos introducidos han sido objeto de programas de erradicación.

Cada especie y cada isla presentan un problema diferente.

¿Cómo se elimina una especie invasora?

La erradicación de una especie invasora requiere conocer su biología, distribución y comportamiento. Dependiendo de la especie y de las características de la isla pueden utilizarse trampas, cebos, cacería, perros entrenados, telemetría y otras técnicas. En islas grandes o de topografía difícil, helicópteros, sistemas de posicionamiento geográfico y dispositivos de seguimiento permiten localizar animales que de otra manera serían difíciles de encontrar.

El principio parece sencillo, pero representa uno de los mayores desafíos de una erradicación: es necesario encontrar al último individuo.

Eliminar 90 o 99 % de una población puede reducir temporalmente sus impactos, pero no significa haberla erradicado. Si sobreviven unos cuantos individuos capaces de reproducirse, la población puede recuperarse. Clarión ofrece un ejemplo particularmente claro: después de eliminar decenas de miles de conejos, algunos sobrevivieron y con el tiempo la población volvió a aumentar.

Por ello, cuando aparentemente ha desaparecido una especie comienza otra etapa de búsqueda y monitoreo. Cámaras automáticas, trampas, recorridos, perros detectores y otros métodos permiten buscar indicios de sobrevivientes. Sólo después de un periodo suficiente sin registros puede considerarse exitosa una erradicación.

Erradicar no es lo mismo que restaurar

La desaparición de una especie invasora elimina una causa de deterioro, pero no garantiza que el ecosistema regrese inmediatamente a su condición anterior. Algunas poblaciones pueden recuperarse rápidamente; otras requieren décadas. En sitios muy transformados puede ser necesario restaurar activamente la vegetación, controlar otras especies introducidas o favorecer el regreso de especies que desaparecieron.

En algunas islas mexicanas se han utilizado técnicas de restauración social de aves marinas, mediante sonidos de colonias y señuelos que simulan individuos adultos. Estas señales ayudan a que aves que sobrevuelan antiguos sitios de reproducción reconozcan nuevamente lugares seguros para establecer colonias.

La restauración puede observarse también en la vegetación. Cuando desaparecen cabras o borregos, plantas que durante décadas fueron consumidas antes de poder reproducirse vuelven a producir semillas y aparecen nuevos individuos. Con el tiempo pueden recuperarse matorrales, bosques y procesos ecológicos que habían quedado interrumpidos.

Sin embargo, cada isla responde de manera diferente. Precisamente por eso resulta importante documentar lo que ocurre después de una erradicación.

¿Qué cambia cuando desaparece el invasor?

Las islas mexicanas muestran que la recuperación puede tomar caminos muy distintos. En algunos sitios aumenta el éxito reproductivo de las aves marinas cuando desaparecen gatos o ratas. En otros comienza la regeneración de árboles y arbustos después de eliminar grandes herbívoros. También pueden disminuir la erosión, recuperarse la cobertura vegetal y restablecerse interacciones entre especies.

Estos cambios no siempre son inmediatos ni ocurren en la dirección esperada. Los ecosistemas contienen numerosas relaciones entre depredadores, presas, plantas, suelo y nutrientes, y la eliminación de una especie puede producir efectos indirectos difíciles de anticipar. Por eso la restauración necesita seguimiento de largo plazo.

Los éxitos y también los resultados inesperados de las islas mexicanas constituyen experimentos ecológicos a gran escala. Permiten observar qué ocurre cuando se elimina una perturbación que pudo haber actuado durante décadas o incluso siglos.

Cinco islas, cinco historias de recuperación

La historia general de la restauración de las islas mexicanas está formada por muchas historias particulares. Estas cinco muestran diferentes tipos de invasión, diferentes respuestas ecológicas y también diferentes grados de recuperación.

ISLA GUADALUPE

Cuando vuelve el bosque

Durante generaciones, las cabras consumieron árboles jóvenes e impidieron la regeneración de algunos de los bosques más singulares de México. Después de su erradicación comenzaron a aparecer nuevas generaciones de pinos, cipreses y otras plantas. Guadalupe permite observar qué ocurre cuando se elimina una presión de herbivoría que había actuado durante más de un siglo.

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ISLA NATIVIDAD

Cuando desaparece un depredador

Los gatos ferales depredaban a la pardela mexicana, un ave marina que pasa gran parte de su vida en el océano y regresa a tierra para reproducirse en madrigueras. Los estudios realizados antes y después de la eliminación de los gatos permitieron evaluar cómo respondió la población de pardelas. Natividad ofrece uno de los ejemplos mexicanos mejor documentados de los efectos de eliminar un depredador introducido.

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ISLA SAN PEDRO MÁRTIR

Una isla para las aves marinas

San Pedro Mártir alberga algunas de las colonias de aves marinas más importantes del golfo de California. La presencia de ratas introducidas representaba una amenaza para huevos y polluelos. Su eliminación permitió reducir una presión que nunca había formado parte de la historia evolutiva de estas aves y abrió la posibilidad de recuperar sitios de reproducción.

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ISLA SOCORRO

La recuperación de un paisaje

Los borregos introducidos modificaron durante décadas la vegetación de Socorro y contribuyeron a la pérdida de suelo. Después de su erradicación, el seguimiento mediante trabajo de campo e imágenes satelitales permitió observar cambios en extensas áreas de la isla. Socorro muestra que la restauración puede estudiarse no solamente especie por especie, sino a escala del paisaje.

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ISLA CLARIÓN

Una restauración que todavía continúa

En Clarión fueron erradicados cerdos y borregos, pero un enorme esfuerzo para eliminar conejos no consiguió encontrar a todos los individuos y la población volvió a aumentar. Al mismo tiempo, una pardela volvió a reproducirse en la isla, una serpiente considerada perdida fue redescubierta y estudios genéticos revelaron que una iguana que parecía introducida probablemente había llegado naturalmente hace cientos de miles de años. Clarión demuestra que la restauración también es un proceso de aprendizaje.

Conoce la historia de Isla Clarión →

¿Ya están recuperadas?

No existe una respuesta única. Algunas islas están libres de los mamíferos invasores que las transformaron, mientras que en otras todavía permanecen especies introducidas. Incluso cuando la erradicación ha terminado, la recuperación de poblaciones, vegetación, suelos y procesos ecológicos puede continuar durante décadas.

Existe además un desafío permanente: evitar que las especies regresen. Una rata que desembarca de una embarcación, un gato abandonado o una planta transportada accidentalmente pueden iniciar nuevamente una invasión. Por eso la bioseguridad —revisar embarcaciones y cargamentos, controlar el desembarco de organismos y detectar rápidamente nuevas introducciones— forma parte indispensable de la restauración.

Las islas mexicanas muestran que algunos de los daños causados durante décadas pueden comenzar a revertirse cuando desaparece la presión que los originó. Pero también enseñan que recuperar un ecosistema requiere conocer su historia, observar sus respuestas y mantener el esfuerzo durante mucho tiempo.

La restauración no consiste en reconstruir exactamente el paisaje del pasado. Su objetivo es recuperar las condiciones que permitan a las especies nativas interactuar, reproducirse y mantener nuevamente los procesos ecológicos de los que depende la isla.

Referencias

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Aguirre-Muñoz, A., Samaniego-Herrera, A., Luna-Mendoza, L., Ortiz-Alcaraz, A., Rodríguez-Malagón, M., Méndez-Sánchez, F., Félix-Lizárraga, M., Hernández-Montoya, J. C., González-Gómez, R., Torres-García, F., Barredo-Barberena, J. M. & Latofski-Robles, M. 2011. Island restoration in Mexico: ecological outcomes after systematic eradications of invasive mammals. En: Veitch, C. R., Clout, M. N. & Towns, D. R. (eds.). Island Invasives: Eradication and Management. IUCN, Gland, Switzerland, pp. 250–258.

Jones, H. P., Holmes, N. D., Butchart, S. H. M., Tershy, B. R., Kappes, P. J., Corkery, I., Aguirre-Muñoz, A., Armstrong, D. P., Bonnaud, E., Burbidge, A. A., Campbell, K., Courchamp, F., Cowan, P. E., Cuthbert, R. J., Ebbert, S., Genovesi, P., Howald, G. R., Keitt, B. S., Kress, S. W., Miskelly, C. M., Oppel, S., Poncet, S., Rauzon, M. J., Rocamora, G., Russell, J. C., Samaniego-Herrera, A., Seddon, P. J., Spatz, D. R., Towns, D. R. & Croll, D. A. 2016. Invasive mammal eradication on islands results in substantial conservation gains. Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America 113(15): 4033–4038.

Samaniego-Herrera, A., Aguirre-Muñoz, A., Rodríguez-Malagón, M., González-Gómez, R., Torres-García, F., Méndez-Sánchez, F., Félix-Lizárraga, M. & Latofski-Robles, M. 2011. Rodent eradications on Mexican islands: advances and challenges. En: Veitch, C. R., Clout, M. N. & Towns, D. R. (eds.). Island Invasives: Eradication and Management. IUCN, Gland, Switzerland, pp. 350–355.

Veitch, C. R., Clout, M. N. & Towns, D. R. (eds.). 2011. Island Invasives: Eradication and Management. IUCN, Gland, Switzerland, y Centre for Biodiversity and Biosecurity, Auckland, New Zealand.

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