Un año de exploración en el Lago de Texcoco a través de la ciencia ciudadana.

Durante doce meses, un grupo de entusiastas naturalistas caminaron, observaron, escucharon y registraron la riqueza biológica del Área de Protección de Recursos Naturales (APRN) Lago de Texcoco. El resultado ha sido contundente: en total se contabilizaron 39,653 aves de cerca de 130 especies,  de las cuales, 11 representan registros destacados en la zona, ya sea por encontrarse fuera de su rango de distribución habitual o por su presencia poco común.

Además, registraron más de 200 especies de otros organismos, desde plantas diminutas hasta insectos discretos y hongos, que se entrelazan y sostienen todo el ecosistema. El hallazgo revela un pulso vibrante que demuestra que, incluso en los márgenes urbanos más presionados, la vida encuentra refugios inesperados.

Un sitio clave para especies residentes y migratorias

El Lago de Texcoco forma parte de una red de Áreas Naturales Protegidas bajo la denominación de Área de Protección de Recursos Naturales (APRN). Estas zonas están destinadas a preservar y proteger el suelo, las cuencas hidrográficas, las aguas y los recursos forestales, buscando mantener ecosistemas vitales y garantizar la integridad ecológica. Además, permiten un aprovechamiento sustentable que beneficia a las comunidades cercanas.

En la Cuenca  de México, estos ecosistemas cumplen un papel esencial para las especies silvestres. Destacan las aves migratorias, que recorren miles de kilómetros cada año y encuentran en los humedales espacios de descanso y alimentación. La pérdida de estos sitios representa una seria amenaza para su supervivencia, lo que refuerza la importancia de conservar áreas como el Lago de Texcoco, clave para la salud ambiental y el bienestar de la región.

El Caracol: un humedal que resiste

Buena parte de las observaciones se obtuvieron en el Vaso de Evaporación Solar “El Caracol”, un rincón del APRN Lago de Texcoco que alberga el único humedal del municipio de Ecatepec de Morelos, Estado de México. Este espacio, tan frágil como imprescindible, funciona como refugio para aves migratorias, anfibios, insectos (incluyendo libélulas migratorias) y plantas acuáticas que dependen del agua para sobrevivir.

“El Caracol”, construido en 1944 en el antiguo Lago de Texcoco, se trata de una obra hidráulica en forma de espiral que abasteció a la industria química (sales de sodio) y más tarde se usó para cultivar alga espirulina. Durante mucho tiempo fue abandonado hasta que en 2022 fue incorporado al APRN Lago de Texcoco. Hoy es un vestigio industrial que también cumple funciones ecológicas como vaso regulador hídrico y refugio para aves migratorias,

Pero El Caracol también es un territorio en disputa: sufre presiones constantes por asentamientos irregulares que avanzan sobre sus bordes, reducen su superficie y amenazan la continuidad de los procesos ecológicos que ahí ocurren. Documentar su biodiversidad no es solo un ejercicio científico; es un acto de defensa y resistencia.

Aun con ello, este espacio ha demostrado tener lo necesario para albergar vida sorprendente: familias enteras de Tecolotito Llanero, Liebre Cola Negra, los tradicionales y sabrosos romeritos, y también servir como refugio seguro para especies migratorias como el Tirano Tijereta Rosado, o el impresionante Zarapito Ganga, que  migra desde Alaska hasta Paraguay y el norte de Argentina, tomando al Lago de Texcoco como punto de descanso y recuperación

Hallazgos extraordinarios y especies en riesgo

Los recorridos periódicos durante un año completo permitieron documentar especies de gran relevancia como la Cigüeña Americana, un hecho sobresaliente por tratarse del primer registro  documentado dentro del  APRN Lago de Texcoco, además de ser una especie catalogada como “Sujeta a protección especial” dentro de la Norma Oficial Mexicana 059 sobre especies en riesgo. Su distribución natural comprende desde el sureste de Estados Unidos, Centroamérica, el Caribe, gran parte de Sudamérica. En México se puede hallar en las franjas costeras del Pacifico y el Golfo de México.

También se registraron otras especies en riesgo incluidas en la misma Norma, como el Zambullidor Menor, el Pato Mexicano, el Avetoro Norteño y el Avetoro Menor. Todas ellas dependen de humedales y son sensibles a la pérdida de hábitat, lo que subraya la importancia de conservar estos ecosistemas.

Un caso particularmente relevante fue el del Rascón Azteca, especie endémica de México y en peligro de extinción. Las poblaciones de esta ave, discreta y dependiente de vegetación densa y aguas someras, han disminuido  de forma considerable debido a la pérdida y degradación de su hábitat, especialmente en la Cuenca de México, donde décadas atrás era más común. Su presencia evidencia tanto el valor ecológico del sitio como su vulnerabilidad ante la degradación ambiental. Además, gracias a la participación de la ciencia ciudadana, se ha logrado ampliar el conocimiento de la distribución del Rascón Azteca, antes limitada al centro del país, hacia estados como Chihuahua y Durango.

Los recorridos permitieron también documentar especies poco habituales en la zona, como el Cormorán Orejón, la Gallineta Morada, el Martín Pescador Norteño, el Picopando del Este y la de tres flamencos rosados, mismos que han sido registrados en la zona del Lago Nabor Carrillo desde hace más de 10 años. Estos registros son relevantes porque se encuentran fuera de su rango de distribución o porque son poco frecuentes en el sitio. Su presencia confirma que los humedales son espacios dinámicos, capaces de albergar tanto especies residentes como visitantes ocasionales, y refuerza su alto valor ecosistémico.

257 kilómetros para contar una historia

Estos registros y la información obtenida fueron posibles gracias al trabajo de cuatro entusiastas naturalistas que aportaron un esfuerzo clave dentro del APRN Lago de Texcoco. Kelly Tolentino Hernández (k_tolentino), Rocío Sanchéz Lopez (passeriforme), Adriana Molina Sanchéz (addy_molina) y Diego Barrales Alcala (d_b), integrantes del Programa de Aves Urbanas (PAU) Ecatepec, dedicaron un año completo a recorrer el área con el propósito de observar y documentar la vida que persiste en el humedal, aún frente al avance de caminos y asentamientos. Su labor no solo generó datos, sino también experiencias y una mirada cercana a un territorio que se mantiene activo y resiliente.

Durante ese periodo, el equipo del PAU Ecatepec recorrió 257 kilómetros dentro del APRN Lago de Texcoco. Cada trayecto sumó nuevas piezas al conocimiento del sitio: cantos inesperados, huellas en el lodo, destellos entre las ramas. Estos hallazgos, acumulados paso a paso, ofrecen hoy una visión más completa de la riqueza biológica del área y fortalecen la comprensión de su valor ecológico.

Un esfuerzo que se suma a una comunidad creciente

Todas las observaciones realizadas en el APRN Lago de Texcoco fueron registradas en iNaturalistMX y en AverAves de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO), plataformas de ciencia ciudadana que hacen que la información sea pública, verificable y útil para autoridades, comunidad científica, brigadas comunitarias y cualquier persona interesada en la conservación local. Gracias a esta red de colaboración, el proyecto del APRN Lago de Texcoco ha alcanzado cifras significativas: 13,684 observaciones, correspondientes a 864 especies, con el apoyo de 1,445 identificadores y la participación de 291 observadores. Estos datos no solo documentan la biodiversidad del área, también permiten tomar decisiones informadas, detectar cambios y fortalecer la gestión del territorio.

Pero, más allá de las cifras, lo que se refleja es una comunidad activa que aporta conocimiento y refuerza la conservación. Cada registro es evidencia de la vida que habita los humedales y, en conjunto, conforman un mapa vivo de su riqueza biológica. Este entramado de esfuerzos muestra cómo la ciencia ciudadana, las brigadas locales y el personal guardaparque de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP) convergen en un mismo objetivo: mantener al Lago de Texcoco como un espacio resiliente y lleno de vida.

La información generada colectivamente se ha convertido en una herramienta fundamental para la gestión del área. Al reunir miles de registros, es posible identificar zonas críticas, reconocer especies en riesgo y detectar cambios en los patrones de distribución. De esta manera, el conocimiento compartido orienta acciones de conservación, fortalece la capacidad de respuesta frente a amenazas como la pérdida de hábitat o la expansión urbana, y reafirma la importancia de proteger el humedal como refugio de biodiversidad y patrimonio natural.


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